Mucha gente
cuando quiere hablar de los beneficios que genera un determinado negocio
utiliza el término de “utilidad” para referirse a los mismos. Sin embargo, decir
simplemente “utilidad” es muy general y puede generar confusión y en muchos
casos decepciones, ya que existe una diferencia entre el termino Utilidad Bruta
y Utilidad Neta que va más allá de lo que mucha gente creería.
La Utilidad Bruta
es aquella que deriva del simple resta de las ganancias y pérdidas,
tal y como se ve en el Estado de Resultados de una empresa. Para hallar la
misma, debemos tomar como base las ventas de un periodo dado y restarle los
costos de venta, gastos administrativos y financieros, amortizaciones y depreciaciones,
etc. Dicha resta dará como resultado la Utilidad Bruta. Esta última está sujeta,
en caso de ser positiva, a un impuesto a las ganancias.
La Utilidad Neta
en cambio, es la resta entre la Utilidad Bruta y el impuesto a las ganancias
aplicado. Por ende, la Utilidad Bruta- Impuesto a las ganancias = Utilidad Neta.
Dado que todas las empresas están sujetas
al impuesto a las ganancias, el único caso en el que la Utilidad Bruta es igual
a la Utilidad Neta es en caso que la empresa tenga pérdidas durante dicho
periodo, por lo que no es sujeto a impuesto a las ganancias, de lo contrario
siempre serán distintas.
Yendo más allá en
el análisis vemos que los beneficios de los accionistas son calculados en
función de la Utilidad Neta y no la Utilidad Bruta. Es por eso que, tal y como
se mencionó en post anteriores, es conveniente siempre una financiación con
fondos de terceros y no de los accionistas. Esto se debe a que los intereses
por pagos de deuda de terceros reducen la utilidad bruta y por ende el impuesto
a pagar. Mientras que el retorno (dividendos) pagado a los accionistas por un utilización
de fondos propios no reduce la Utilidad Bruta, ya que los mismos son calculados
sobre la Utilidad Neta y por ende siempre serán más caros.